¿Y usted qué es lo que hace?
- Blog de Vertigo Graffiti
- 5 ago
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Una de las dudas —privadas y públicas— que más aquejan a todos aquellos que trabajamos en la cultura y las artes es la definición exacta de cuál es nuestro oficio. Esa respuesta escurridiza que absuelve —en la medida de lo posible— la pregunta sobre a qué nos dedicamos realmente. Aunque para uno que otro será muy fácil de describir, presiento que para la mayoría se convierte en un enredo voluminoso de actividades y resultados (por no mencionar cuando le corresponde a nuestras familias contar lo que hacemos). Desde luego, esto sucede porque en Colombia los oficios relacionados con la cultura requieren un atributo y actitud constantes: la adaptación. Tal y como lo sugería Darwin, para nosotros, dicha adaptación es cuestión de supervivencia. Adáptate o te extinguirás, parece la consigna —muchas veces cruel— de quien libremente (eso sí) tomó la decisión de trabajar por un sector en el que las tasas de precarización son muy semejantes a las de la incomprensión de los oficios.
Lo he visto en estos últimos veinte años de carrera: actores que administran teatros y hacen terapias en hospitales a niños convalecientes, pintores que hacen recorridos turísticos por la ciudad y dictan charlas a señoras mayores que padecen de la aflicción de tener mucho tiempo libre y cantantes que fungen de administradoras de alquiler de espacios para otros artistas a los que también les llegará la hora de la adaptación. Sin embargo, desde mi experiencia, creo que es muy importante que cada quien sepa muy bien lo que hace —incluso en el caso de que esté haciendo otras cosas— y sepa describirlo y, si es el caso, enumerarlo con claridad. He descubierto que muchas veces las oportunidades se esfuman por nuestra falta anatómica y aritmética de dar claridad respecto a nuestros oficios y recorridos. Al parecer, ese viejo relato —no sé si apócrifo— en el que Miguel Ángel decía que le quitaba lo que le sobraba a la piedra hasta describir la figura, también funciona para esa descripción de lo que se hace y lo que se ha hecho: recortar y ofrecer, de forma precisa y breve, todo eso que consideramos la base estructural del trabajo y el valor que generamos a la sociedad.
Yo propondría una fórmula híbrida en la que ese efectismo (tan ajeno y, a veces, antipático) se equilibre con la descripción del impacto mayor (los gringos lo llaman el big picture) que perseguimos con nuestros oficios. Es decir, todos esos propósitos que nos llevaron a ocupar el lugar que ocupamos hoy. Me he dado cuenta de que, a muchas personas que pueden convertirse en aliados y colaboradores, son esos principios y esas derivas las que quieren escuchar y las que aclaran quiénes somos y cómo lo hacemos realmente. No sobra recordar que en este trabajo la voluntad pétrea es la que muchas veces sostiene, así sea de pequeño hilo frágil, lo que estamos dispuestos a seguir haciendo.
En mi caso, estos veinte años se me han pasado transformando paisajes de la ciudad con murales, sugiriendo el arte público como herramienta para cambiar el comportamiento de la spersonas, y, por último, en la promoción, a partir de las imágenes en la calle, de una nueva forma de imaginarnos a nosotros mismos.
¿Y usted qué es lo que hace?

Nombrar lo que hacemos también hace parte de nuestro trabajo





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